Solamente escribiendo, siento que digo lo que pienso.

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miércoles, 5 de mayo de 2010

Aniversario de Jorge



Mañana, 6 de mayo, se cumplen siete años desde que Jorge nos dejó aquella terrible mañana que nos golpeó a todos de una forma inesperada y brutal. El sol lucía como lo hace hoy, presagio de nuevos y mucho más luminosos horizontes hacia los que Jorge se dirigía tras abandonar su hermoso ropaje y, con él, todo el dolor con el que tuvo que lidiar a lo largo de su corta vida.

Unidos, todos los que le queremos, compartimos la alegría de su liberación.





He elegido este cuadro porque para mí simboliza una auténtica resurrección. Desde el mundo de las sombras, se yergue esta figura luminosa, uniendo sus brazos para desde su centro, apuntar al cielo como flechas de luz.



Quiero abrir este espacio, en un día tan especial, con un fragmento de un poema de José Hierro que dibuja de manera muy precisa ese renacimiento de Jorge.


                             “Llegué por el dolor a la alegría
                               supe por el dolor que el alma existe…”





Y ahora los ecos de su propia voz en un precioso pasaje de un momento, también especial, en el que pudo sentir profundamente la Vida.




En esta noche de julio, escucho el sonido del agua y de los grillos. Corre una brisa suave que me refresca, y las estrellas parecen estar observándome. Me siento vivo y agradecido a la vida. ¡Todo es tan sencillo y al mismo tiempo tan mágico! Cada instante del día es único y diferente al anterior. No hay dos minutos iguales.

Un sapo ha llegado junto a mí. Desde el lago ha cruzado el monte, se ha detenido ante mí, y al verme, ha girado a la izquierda. Puede que lo haya asustado mi enorme pie o mi absorbente mirada, pero ¡Dios!, me ha permitido sentir su presencia como algo único y maravilloso.

Nada es casualidad. El destino es un camino de sorpresas, un río de vida, un consuelo al tormento.

Cada vez el cielo está más oscuro y las estrellas brillan con más luz. Es más potente la luz de una sola estrella, que toda la oscuridad que la rodea. Mi mirada no se pierde en el invisible e infinito espacio, sino que mis ojos se centran en una única estrella que, como un imán, despierta y atrae hacia sí toda mi vida llevándose en un suspiro la melancolía. Observar una estrella despierta mi pasión por la verdad y la vida.

La verdad es lo más parecido a una noche de estrellas, clara y oscura, blanca y negra; las dos caras de una misma moneda. Es un placer único poder sentir a Dios dentro de mí; esa pequeña fuerza, que se despierta al contemplar la belleza de una estrella. Solamente un gesto cargado de silencio, me abre las puertas del corazón. Muchas palabras, me la cierran. ¡Que grande es la sabiduría del silencio!






Dentro de mí se extiende la fuerza que suspira por abrir entre mis ojos un canal de luz, que transporte la energía de la absoluta pureza que en mi alma se encierra. Soy hermoso, y mi bondad sobrepasa la oscuridad latente que me acecha. Mi pasado no es más que la puerta construida hoy para sobrepasar mi propio umbral, y pasar de la fantasía a la realidad. Sin fantasía no existiría hoy mi realidad, ni sería yo mismo. La dulzura de mi vida está compuesta por el amargo sabor del fracaso y el dulce sabor de mi herida. No hay nada en mí que me defina. Soy solamente yo, y como yo soy, solamente Dios me ha permitido a mí serlo, y eso es un gran regalo.

jueves, 15 de abril de 2010

Cartas entre Jorge y su madre

Mi querida Mar me dio la idea de publicar la carta que Maribel, madre de Jorge, escribió a su hijo hace tiempo. Ella la ha ido incorporando en varios comentarios, pero es tan hermosa y emotiva, que merece un sitio de honor en este blog.

Entre las muchas cartas a su madre y familia que aparecen en el libro de Jorge, me he permitido escoger la que ahora publico porque es la mas tierna y amorosa. Creo que es bueno dejar hablar ahora al hijo y a la madre.

Gracias a todos los que alimentáis este blog con tanto cariño y respeto.

Sofía




Querida madre María Isabel:
                                                                                                    19 de Julio de 1998

Soy tu hijo Jorge, el que te salió más vulnerable y débil de los tres que has tenido. Verte sufrir estos días me hizo creer que mejor sería que Dios me llevase con Él. Quizás tengáis razón, y yo no quiera dejar las drogas, pero lo seguiré intentando.

Si por alguna razón muero, quiero que sepas que te admiro más que a ninguna otra persona de este mundo y, aunque te cueste creerlo, me has enseñado cosas tan importantes que siempre llevaré conmigo esté donde esté.

Tengo tanto miedo a vivir, que voy a buscar a ese Dios del que tantas veces me has hablado. Cuando lo encuentre, sólo tendrás que mirarme a los ojos para saber que Él está conmigo como lo está contigo. Os quiero tanto a todos que me entristece pensar en esta desunión que nos rodea, pero también sé que mi padre es el mejor padre, y que mis hermanos son los mejores hermanos, pero tú eres la más especial, y quiero pedirte perdón por el dolor que te he causado. Jamás lo hice con maldad.

Si ahora vuelvo a marcharme, estaréis conmigo siempre. Si por alguna razón desaparezco, os haré saber, tarde o temprano, dónde estoy y cómo me encuentro. Pero estad tranquilos, porque creo que esto difícilmente sucederá. Tengo mucho que conseguir, mucho por lo que luchar, y si llega algún día especial que todos esperamos, todo este dolor habrá valido la pena.

Tu hijo,
George W. Brown


Carta a mi querido hijo Jorge
Recordando un día 5 de mayo del año 2005

Querido hijo: Aquí estoy a los pies de tu tumba, en un día soleado, (religiosamente llamado mes de Maria, mes de Las Flores).

Hoy hace dos años que te fuiste en plena flor de tu existencia. El campo está a rebosar después de la lluvia caída en estos últimos días, y el sol calienta ya lo suficiente como para aligerarnos de las pesadas vestimentas del invierno; aunque el alma, por el resto de mi vida, continuará vestida con el luto riguroso de los recuerdos.

Cuando vinimos aquélla noche a Sotillo para preparar tu entierro, el viento arreció con furia, y parecía como si los árboles fueran a arrancarse de cuajo. ¡Que tristeza Jorge, aquel trayecto en esa lúgubre noche, habiendo tenido que dejarte en tan inhóspito lugar, donde abren en canal a quienes han tenido la fatalidad de morir de una forma fuera de lo normal. No hay palabras que puedan describir el sentimiento de impotencia y dolor, sabiendo que pasarías esa noche sin compañía alguna.

Todos salimos en caravana hacia el pueblo para prepararte el lugar donde tu cuerpo reposaría por última vez. Ahora si, por fin habías logrado coger ese sueño tan profundo que tanto ansiabas. A las seis de la tarde del día siguiente ya te habíamos preparado la sala del Tanatorio como si fuera tu propia casa.

De una noche dantesca pasamos a una primavera radiante. Recogimos flores silvestres del campo que colocamos en búcaros de barro y cobre. Del cuarto trastero, bajamos todo lo que pudimos encontrar: tu paleta de pintor todavía con el olor reciente de todas tus mezclas de colores. Cambiamos los cuadros que colgaban de las paredes por los tuyos y colocamos fotografías, algunos juguetes, tus recuerditos... todo, para que te sintieras abrigado y no te sintieras solo.

Llegó el furgón con tu cuerpo que colocaron frente a nosotros separados por una vitrina de cristal. Estabas envuelto en una especie de sudario de seda blanca con las manos cruzadas sobre tu pecho donde te puse un crucifijo y el rosario que tantas veces habíamos desgranado tu abuela y yo pidiendo un milagro. Tu pequeño habitáculo transitorio comenzó a llenarse de coronas de flores. La sala, quedo realmente muy acogedora. Pero si me dolió inmensamente una cosa: no haber podido contemplar tu rostro mientras te velábamos, pues tu tía Tochi dijo que sería mejor cubrirlo porque estaba amoratado. Entonces cogí el pañuelo de tu amigo Miguel y te tape con el. Si pude al menos darte el último beso sobre tu rostro gélido y de nuevo contemplarte y comprobar que te habías dormido como un niño recién nacido. Cerraron la caja y a hombros te llevaron tus dos hermanos y alguien más hacia la iglesia donde te ofrecimos una misa. Después, todos en procesión bajamos andando hasta el cementerio donde por última vez te dijimos adiós.

¡Cuantos adioses, a lo largo de nuestras vidas! ¿No es cierto Jorge? ¡Y cuantas lágrimas de vuelta a casa ya sin ti, cada vez que te dejaba en la estación Sur para regresar a Lisboa después de tus visitas relámpago. ¿Y quien nos iba a decir a los dos que este sería el último de ellos?

Me mandaron a dormir y nadie absolutamente nadie se quedo velándote. Todos nos fuimos pues a la mañana siguiente teníamos que dejar tu cuerpo bajo tierra. Luego, pasado el tiempo, me dolió no haber estado consciente de nada. Me manejaron como si fuera una marioneta, y lo que mas hubiera deseado es haberme quedado a velar tu cuerpo toda la noche. ¡Otra vez solo mi niño! Aún no me podía creer que ya no estabas en este mundo. Solo tu hermano David bien entrada la madrugada estuvo contigo durante dos horas llorando amargamente junto a tu féretro, en esa noche que debió ser para él, una de las más tristes de su vida. El hermano que jugó contigo, se sintió desmoronado quizás añorando esos momentos de la infancia cuando todo es juego, risas, y diabluras de niños... Posiblemente también sintió no haberte dado más abrazos...

¡Hijo de mi alma! ¿Qué puedo decirte hoy que me duela menos que ayer? Nada, porque el mismo dolor sigue ahí, agazapado, escondido, disimulado, disfrazado de una entereza que es ficticia, sólo de cara a los demás. Pero aquí entre los dos te confieso que lo que mas me consuela es poder venir al cementerio y sentarme sobre esta losa fría de mármol que cubre tu cuerpo, pues sentada sobre ella, pienso que puedo dar calor y alivio al tuyo tan repleto de heridas... Me inclino y te digo bajito que te quiero, que te echo de menos muchísimo, y que volvería de nuevo a vivir todo el dolor que sufrimos los dos con tal de tenerte otra vez a mi lado. ¿Qué es lo que falló en tu recuperación Jorge? ¿Qué hicimos mal? ¿Qué hicimos mal?

Quiero invitarte a que gocemos juntos de esta tarde tan preciosa, tan especial. Mira como las nubes se van desplazando sobre nosotros en el cielo. Son rosas, violetas, amarillas, azules, grises, anaranjadas... Esos mismos colores que tú dejaste plasmados en tus cuadros. Parece como si el cielo nos estuviera haciendo un homenaje con este atardecer. Los pájaros enloquecidos trinando sin parar, vuelan entrecruzándose por encima de las copas de los altos cipreses que te dan sombra, y parece como si fueran a chocar entre si. Y para colmo, mira este gatito que se ha incorporado en este momento. Está sentado justo enfrente de mí, y no se mueve. Nos mira como entendiendo lo que pasa. No me lo puedo creer. Es demasiado hermosa la escena. Sin poderlo remediar, de pronto un sin fin de lágrimas serenas resbalan por mis mejillas. Siento una profunda emoción dentro de mí. No sé porque me viene una imagen muy entrañable de aquéllos pequeños arroyitos que aparecían al principio de cada primavera sobre las praderas de nuestra querida "puerta del sol" cuando íbamos de paseo por la finca del Hoyo. Nada tendría que ver este recuerdo con mis lágrimas, pero ha surgido de repente, y simplemente me ha gustado recordarlo y compartirlo contigo.


Aún sintiendo esta pena en mi corazón que me ahoga por dentro, contemplando tanta belleza, desde este lugar sagrado donde reposas, percibo la caricia de consuelo que me envías. La seguridad de que estás conmigo de otra forma, me hace ver tu sonrisa traviesa y seductora que nos hacía resplandecer a los dos cuando todo iba bien. ¡Qué momento tan tierno, estamos compartiendo los dos en este mismo instante. Tan mágico, tan único, tan nuestro!

Es ya la hora de irme cariño mío. La tarde se va apagando lentamente, y los pájaros que antes revoloteaban tan ruidosamente, han debido retirarse a sus nidos para descansar de tanto alboroto. Las primeras estrellas comienzan a aparecer. Un airecillo, suave, pero fresco, ha empezado a levantarse, y de pronto me fijo en mi falda de campana color violeta y me quedo ensimismada contemplando el oleaje de la tela movida por el viento. Qué insignificante este detalle y, sin embargo, qué grandioso me ha parecido. Qué felicidad poder sentir el aire filtrándose por mis pulmones.

De pronto me siento sorprendida por otro oleaje de sentimientos que me invaden y no puedo resistirme a dejarme llevar por ellos, bajo esta luz apacible que va desvaneciéndose poco a poco, dejando paso a la penumbra de la noche.


Echo la última mirada a estas montañas que te rodean como si quisieran protegerte, y no puedo dejar de exhalar un hondo suspiro. ¡Qué majestuoso es todo lo que contemplo! La tierra, “nuestra tierra”, donde aprendiste a dar tus primeros pasos, tus primeros juegos, en aquéllos veranos interminables; la trilla en las eras, el olor a pinos y a jara, el panal de miel de Leonardo, los destellos de la luz de la luna, el olor a corrales y estiércol… Por ende el invierno con la Navidad, montando el belén, avivando el fuego de la chimenea contando mil cuentos… A veces la nieve. ¡Parecía un sueño!

Comenzando el otoño, las praderas se empapaban de agua después de una tormenta, y recuerdo tu impaciencia por salir a chapotear con tus botas de goma en cada charco que veías. ¿Cómo no ibas a gestar en tu alma todo ese amor hacia la poesía al contemplar tanta belleza? ¿Cómo no sentir nostalgia de todos esos momentos?

Todo lo que amaste, está aquí, a tu lado, acompañándote en tu eterno descanso.

Volveré mañana, y estaremos juntos de nuevo recordando tantas cosas.

Tu amiga del alma Kitty vino una tarde a traerte un gran ramo de rosas rojas, cuyos pétalos desprendidos, pronto emprendieron el vuelo con los primeros vientos del otoño.

No temas mi vida. El sol te dará abrigo mañana y los cipreses sombra. Los pájaros cantarán para ti. El gatito, ya no va a dejarte, pues te ha cogido cariño, y cuando yo no esté te hará compañía.

Ahora te dejo mil besos sobre tu nombre esculpido en el mármol, y otros mil sobre tu cuna de roble. Hasta mañana mi amor, que sueñes con los ángeles y nada temas, pues estoy siempre contigo.

Con todo el amor, tu madre
Maribel



Fotos con sus hermanos en la finca de la que habla su madre en la carta. Otra foto de la puerta del sol, también mencionada en la carta, en la que aparece con su prima Eva.






viernes, 26 de febrero de 2010

El libro de Jorge

Hola a todos:

Como vais entrando algunos nuevos, quisiera recordaros que hay un libro de Jorge Brown, en el que narra de manera intensa, bella y conmovedora su historia, especialmente su experiencia con las drogas y su gran lucha para superarlas. 

Este blog se inició en diciembre del año pasado y en la primera entrada se presentó el libro. Quizás queda tan atrás que muchos de los que entren ahora no sepan de su existencia. Por eso hoy lo incluyo nuevamente junto al prólogo del mismo Jorge.
Gracias a todos los que le vais siguiendo.

Sofía


Ésta es la primera vez que me decido a publicar algo. Este “algo” es un compendio de palabras, un laberinto de enigmas, un amasijo de sentimientos, un barco naufragado en el océano de la profunda tristeza, una búsqueda insaciable de lo desconocido, una ventana que se asoma a la muerte, una sonrisa cubierta de nubes, una lluvia de sinceridad confusa, una demostración real de la más pura de las contradicciones…

Este pequeño tesoro, tan valorado por mí, y que tanto consuelo me ha dado, es también mi mejor amigo y mi más fiel amante. Es mi intimidad, descubierta con el único deseo de permitiros comprender, si es que es posible, lo que yo no puedo.

Es un libro de reflexiones y de trabalenguas, de magia y de secretos, de dibujos y paisajes… Un libro soñado, escrito por un soñador, para otros soñadores.

Ésta es una historia personal sacada de mis diarios, de las vivencias, sentimientos y fantasías que han rodeado mi vida a través del tiempo, y muy especialmente, de los últimos años de mi devenir. Años de búsquedas y vacíos, años de batallas contra el monstruo gigante de la adicción, años de tristeza, años de sueños volando entre las nubes…

Por eso lo he titulado Diario Pendular, porque mi vida ha sido y está siendo un péndulo que sube y baja; algo que está en continuo movimiento; un movimiento de inmensos contrastes, un péndulo paradójico que busca sencillamente la quietud…, esa quietud que refleja el mar cuando está inmóvil y sereno.

Algo estoy persiguiendo y no sé muy bien qué es. Podría decir AMOR, pero me sonaría hueco. Podría decir DIOS, pero me suena opaco. Ése es el enigma que trato de desvelar, simplemente para poder seguir viviendo. He de averiguar qué es lo que ando buscando, y estoy seguro de no ser yo mismo, pues creo, dentro de mis múltiples dudas, saber quién soy. Lo que busco está entre las líneas de este libro. Es un algo escurridizo y sibilino, que quiere permanecer oculto, y que yo destapo abiertamente.

Nací en 1970, el día 3 de febrero, en la ciudad de Madrid. Soy pintor, y a la fuerza poeta. Soy bisexual y poli-toxicómano, en actual estado de rehabilitación, y esto que os ofrezco son pedazos de mis entrañas. He vivido en Florencia, Roma, Barcelona, Londres, Ibiza, Cádiz, y actualmente vivo con mi madre en el piso que me vio nacer, aquí en Madrid.

Conozco multitud de centros de rehabilitación para toxicómanos, y también varias y muy diversas teorías acerca de la adicción. Soy un experto en la materia, principalmente debido a que en los últimos siete años de mi vida he estado saliendo y entrando de diversos centros. He sido tratado por demasiados psiquiatras y demasiados terapeutas. He arruinado las reservas de capital de mis padres. He robado, delinquido. He sido juzgado. He cumplido condenas en centros. Me he prostituído, y he dado mi vida por una dosis de caballo.

Actualmente llevo tres meses en un nuevo programa terapéutico (odio esa palabra), y en el cual, después de tantos fracasos, he decidido dejarme llevar y mantener mi abstinencia. Algunas partes de este libro están escritas bajo el efecto de las drogas. El resto, y gran mayoría, son pensamientos e ideas en perfecto estado de conciencia.



Espero que la lectura de este libro pueda beneficiar o aportar algo a quien quiera que sea.

Sinceramente,

Jorge William Brown






El silencio hecho palabra es un libro terrible, un largo llanto sin héroes, tras el que la muerte acaba venciendo a la vida. Terrible, sí. Pero lo que lo hace maravilloso es que dentro del dolor desesperanzado palpita un ansia furiosa de vivir, incluso en la derrota. Jorge Brown, un poeta joven que versificaba sin artificio, simplemente por angustia, que se despreciaba por ser incapaz de hacer frente a la droga que terminó matándolo, brilla en este su único libro, tan prematuro y tan inacabado. Un poema doliente, a medio camino entre la impotencia y la esperanza. Una voz desperdiciada cuando apenas había empezado a hablar.


Fernando Schwartz.



Extractos de una carta enviada a la madre de Jorge de su amigo Enrique

Con tu hijo viví algo que se me ha quedado grabado para toda mi vida. Sólo Dios sabe. Fui su amigo y él, que era corto en palabras de frente, se volcaba emocionalmente en sus cartas, las que ponían orden al desorden que él vivía. Créeme: me comuniqué más con Jorge por cartas que de palabra o por teléfono. La única vez que Jorge se abrió totalmente a mí, fue en Madrid, en uno de mis viajes, y me bastó esa noche para comprender el alma de Jorge. Fuimos al cine y la película le tocó mucho. Salió muy triste, como muy callado, y esa noche empezó a hablar con su alma. Luego regresamos a tu casa y sin yo darme cuenta, me quitó las llaves y salió a buscar una dosis. Me desperté de madrugada y vi la luz encendida. Abrí mi cuarto y me lo encontré tirado en el suelo: se había metido un buen chute. Lo levanté, y me pidió que me quedara con él. Pero ya estaba (como tu sabes que has conocido esta realidad tan dura de Jorge) en otro estado. A la mañana siguiente ya llegaste tú y yo me marché de Madrid.


A veces, en esta vida, vives algo con una persona, unos años de tu vida, algo que ocurre sin tú buscarlo, y esos años que vives con esa persona te acompañan el resto de tu vida. Yo conocí a tu hijo, Maribel, y lo conocí en su esencia. Nunca, jamás las drogas enturbiaron que yo pudiera ver al hombre que era: Jorge W. B. Nunca, ni las recaídas más fuertes enturbiaron el que yo pudiera ver siempre con claridad a Jorge, no a la adicción, ni las drogas. Yo lo quise muchísimo, y he llorado mucho su muerte, porque no quería que se marchara. Es más: mi más hondo deseo era que Jorge estuviera bien, porque uno lo que quiere para un amigo es eso: que esté bien, que esté feliz. No pudo ser. Una enfermedad (como hay tantas en el mundo) lo mató: la adicción. Y eso le llevó a descansar. Porque currárselo el pobre se lo curró, pero pudo más la puta adicción, ¡qué le vamos a hacer! No hay nadie en este mundo (NADIE) que haya sufrido la vida y la muerte de Jorge más que tú.

A Jorge lo tengo presente en mi vida. Él no ha muerto para mí, por eso no puedo ponerme a escribir en un blog de un amigo que para mí sigue vivo, de otro modo, pero está vivo espiritualmente y me ayuda (y no solo a mi). Jorge es ahora un espíritu libre, como todos lo somos cuando dejamos esta vida. Y nada ni nadie lo puede atrapar, porque así es la vida después de la muerte: ¡libre! Jorge es libre.

Mi amor, mi cariño, mi respeto, y todo lo que siento por Jorge sigue vivo, y sé que estaremos juntos en el futuro, es sólo cuestión de tiempo el hecho de reencontrarnos. Ahora he sentido en algún momento su presencia, pero siempre como un ser libre que no quiere que nada ni nadie le atrape.

Yo no hablaría jamás de las drogas, ni de la adicción, ni de lo que Jorge sufrió con esta horrorosa enfermedad. Ese no era Jorge. Eso fue algo que "vivió" Jorge, pero no era él. Para mí Jorge fue una persona que Dios me puso en mi camino, sin yo buscarlo, y con el que aprendí mucho.

Jorge vive, de otro modo, pero vive y eso lo he sentido desde el mismo instante en que recibí esa noticia de que había dejado este mundo. Su muerte, aunque cargada de dolor, también me dio mucha paz, porque, Maribel, tú y yo sabemos que él estaba agotadísimo.

Por eso, ¿cómo he vivido tras su marcha? Tristeza, claro que sí, pero ha podido más la paz de saber que él está bien. Y eso ha hecho que estos años desde que se fue, pensar en él haya sido siempre un motivo de esperanza, de luz, de vida! Y de las drogas, de la adicción, y de todo eso ¡ni me acuerdo! porque al que recuerdo o el que vive en mí es Jorge, pero Jorge, no las drogas. Jorge, un hombre que siempre, de algún modo, formará parte de mi vida.

A mí Jorge no me conquistó ni por su belleza, ni por su inteligencia, a mi me conquistó su corazón, su persona, y su ser más profundo que tuve la suerte de contemplar. Era un ser especial. Así lo viví yo. Una persona frágil. La más frágil que he conocido en toda mi vida. Eso fue lo que me dejó impactado de él. Su fragilidad. Y ese fue el origen de mi amistad con él.


viernes, 12 de febrero de 2010

Carta a Jorge

De tu madre Maribel.

Para tí mi querido hijo, mi recuerdo perenne.

Hoy, cuatro de Febrero, hubieras cumplido 40 años... ¿Cómo estarías hoy, si aún tu corazón estuviese latiendo?

¡Como me gustaría dar marcha atras en el tiempo y volver a ver tu carita de angel cuando naciste!

¿Por qué te fuiste hijo?... ¿Por qué nos dejaste este vacio que nada de este mundo puede ya llenar?..

Cuando he mirado al cielo en esta tarde lluviosa y fría, no he podido ver tu rostro dibujado en las nubes, como otras veces... Ni tampoco pude oir el canto de los mirlos...


Siete años va a hacer en Mayo desde que te fuiste. 

El dolor se ha calmado, pero... no hay segundo, ni minuto, ni día, que no estés pegado a nuestras pieles...


Vientos enfurecidos y lluvias copiosas, están arrasando los campos, las ciudades...., llevándose por delante todo lo que encuentran a su paso.

El mundo se esta ahogando en aguas turbulentas mezcladas con el lodo de la tierra indefensa. Miles de seres humanos, quedan atrapados bajo los escombros derruidos por los terromotos... Miles de bocas, se abren porque tienen hambre, y sed. Sed de comida, sed de amor, sed de compañía..., Sed de comprensión...

Huyen despavoridos por caminos llenos de grietas... Solos... desarraigados, buscando el descanso para sus almas rotas de soledad, de miedo y de dolor..

¡Oh, hijo! No quiero traspasarte mi tristeza en un día tan especial como el de hoy... Te pregunto: ¿Como estás tú, cariño?.. 

Hace unos días nevó, y todo el parque estaba blanco. Recuerdo como te gustaba la nieve, y siempre me llamábas para que contemplaramos juntos el hermoso paisaje que ofrecían las copas de los árboles que parecían estalactitas, con sus ramas apuntando hacia el cielo....


¡Dios,..! ¡Es tu cumpleaños....!!!!! Siete, van a ser... Y en el lugar en que estás, los angeles , me imagino, van a encender millones de estrellas para tí....  

Y... ahora, algo mas alegre te cuento, que ya van mas que de sobra las penas de este mundo. ¿Sabes? Casi todas las mañanas, y aproximadamente a la misma hora, se posa en el balcón de la terraza, una paloma... Procuro no hacer ruido para no espantarla, y me quedo ensimismada observándola. Me da por pensar, que es una paloma mensajera, que me trae noticias tuyas... Y no puedo evitar, sentir una profunda emoción. Y siento que esa paloma eres tú, y te acercas, y susurras en mi oído, miles de "te quieros" que en vida silenciaste. Entonces, entorno mis ojos, y vuelvo a ver tu sonrisa seductora, cantarina...., ¡alegre, (aún a pesar de (.?..)

Y vuelvo a verte, a sentirte, lleno de luz y de belleza..., porque ya estás en paz, y en otra esfera...

Ahora vuelvo a mis tareas. Dejo a la paloma que emprenda su vuelo, porque sé que mañana vendrá, de nuevo a visitarme...

¡Ahora si! ¡Ahora, si!, he comprendido tu mensaje, y al momento, la paz y el consuelo, retornan a mi alma.

¡Feliz día en tu cielo, mi querido Jorge! Ya no te sentirás solo, pues son tantos los que se han ido....

Cada vez mi tiempo galopa, con mas prisa. No sé aún cuantos días o años, nos quedan para vernos. Mas..., mientras eso no ocurra, sabes que siempre estoy contigo, y tú también conmigo.

Envíame la lúz que te sobre, no me dejes en la sombra...

Te quiero como siempre, y para siempre.


Tu madre Maribel



miércoles, 13 de enero de 2010

Carta de Roel


Jorge era un ser único, extraordinario. Reconozco el amor que sentí después de leer sus diarios. Era como si alguien me hubiera hablado al oído, durante horas… y me hubiera dibujado su alma en un papel para que no pudiera dejar de mirarla.

Es un ser único, no sólo por ser artista, bohemio, creador, sino por su capacidad para sentir. Esa capacidad que también le sirvió para hacerse grandes heridas, hasta el final de su vida.

Jorge tiene esa capacidad de hablarnos, aunque no esté. Lo consigue gracias a su voz, que habla desde sus líneas, que habla en su pintura. Nos cuenta que sufrió, que en el fondo nadie le conoció. Nos cuenta que era un ser incomprendido, tal vez, incluso, ni siquiera él sabía quién tenía delante del espejo.

La droga es una evasión, es una huída, lenta y agónica para evitar mirar de frente. La droga es la que consigue silenciar la miseria que nadie quiere ver. Algunos lo consiguen con hipocresía, indignidad, maquiavelismo, Jorge, simplemente necesitó la evasión.

Leyendo a Jorge fue como si volviera a creer en muchas cosas que había olvidado. Dejar que su voz se apague sería una nueva injusticia. Porque lo que dice es bello y desgarrador. ¡PORQUE GRITA contra los modelos que aprisionan y encorsetan! Porque nadie se merece una vida así.

No busquemos culpables. Esa batalla está perdida antes de comenzar. Mejor hagamos de Jorge un ser que renace en cada lectura. Un ejemplo para los que todavía juegan con las drogas, una lección para los que están metidos en la tortura de la adicción…





martes, 12 de enero de 2010

Carta de Eduardo Ossimani a Jorge en su exposición

Amigo Jorge,


El gran misterio de tu vida sólo tú lo conoces, ya que te lo llevaste contigo. Pero al ver tus cuadros comprobamos que hoy sonríes a la vida de forma diferente; quizás a otra vida… O es que tus obras representan al gran mensajero.

Tal vez lo que padeciste ya lo has sublimado, pues seguro que te han dado mucho amor, pero los reflejos de tus rostros, como expresiones del alma, nos hablan. Son susurros de tus cartas, o el surrealismo de tus momentos en el juego con tus colores en movimiento. Movimientos que sólo plasman los creadores. En todos ellos se percibe la fuerza de tu espíritu.

Vivencias algo diferente. En la abstracción de tu sangre, que aún palpita, hay algo de tu ser que todavía respira, como los visionarios que contemplan tu entorno y al mismo tiempo perciben la lejanía. Ahí donde muchas veces te vistes jugando con sueños de colores, o como aquel hombre en contemplación que aspira a lo sagrado, y no debe arrodillarse a pedir perdón por estar ya iluminado.

Jorge. Has dejado luz en el camino. Gracias por ese sacrificio que aún el hombre, por lo general no ve.









domingo, 3 de enero de 2010

Carta de su amiga Kitty


8 de mayo de 2003

¿Quién es Jorge? Jorge es mi mejor amigo. Nunca para mí alguien tan fascinante por una mente de maravillas, de palabras bellas, crudas y a borbotones, de un tono de voz que existe dentro y fuera de mi ser. Como la dulce voz de mi ángel, está adentro conmigo eternamente.

Jorge, tan inmenso, que tuvo que traspasar a un espacio más a su medida. Tan bello, que ahora se fundió en los colores del amor más puro y más divino. Ahora, ya todo es sonrisa estelar en su divina existencia. Ahora, ya puede respirar.

Sólo le pido a Dios que le deje tocarme en el hombro con su dedo, ¡varita mágica! El niño de pura alquimia, tan grande, tan grande, en ese cuerpito hecho de simples moléculas, que nunca podían contener a tan maravillosa alma de puro pensamiento, fundido en sentimiento.

Mi mejor amigo, por ser vos de la más increíble esencia. Hijo tercero, que me enseñaste tantas cosas del saber divino al teléfono. Cuando más inhóspita parecía mi vida, siempre tuviste la más bendita palabra por carta, con esa letra que para mí es la más bella, porque la miro y te veo, y te escucho, y te siento antes de que la lea, y cuando la leo, ya estoy contenta, en el cielo sentada, en el camino de las estrellas, donde no existen ni el bien ni el mal. Y sólo le pido a Dios que me toques en el hombro de vez en cuando, y que oiga mi nombre desde tu voz.

Lo siento que no lo tuvimos. Quizás a la vuelta, en un espacio más amplio, donde una criatura de nosotros se pueda expandir como el infinito. Entonces seremos la dichosa trinidad, donde la materia es pura esencia.

Espérame. No, mejor encuéntrame cuando yo llegue. Susúrrame mi nombre al oído, como siempre, de esa manera de alegría y sorpresa. Nadie me llama como tú, mi amor.

Ahora todo es índigo blow de completa integridad. Sueña eternamente con felicidad infinita. Eso no lo pido; eso Dios te lo da. Te quiero Príncipe Azul.

Jorge, mi mejor amigo…,

martes, 29 de diciembre de 2009

Despedida de su madre Maribel González

Querido hijo:


Sotillo, 8 de mayo de 2003


Esta es una carta con sello de urgencia, y con destino: “el cielo”, ese cielo que tú andabas buscando a tu manera, y que tanto anhelabas.

Hoy despedimos tu cuerpo mortal, aquí presente, delante del único Dios que ya te ha salvado.

¡Hijo!, estamos toda la familia unida, desbordada de cariño y admiración por ti. Nuestra pena es muy honda. En esta Iglesia del Sotillo, donde tantas veces tu madre y tu abuela hemos suplicado por tu vida, ahora ya la tienes. La tienes allí en el cielo, donde gozarás de la paz y la alegría inmensa.

Es posible que tardemos un poquito en vernos de nuevo, pero tu espíritu se ha quedado aquí, nos has unido. Se ha vivido tu muerte con amor, con mucho amor. ¡Has podido por fin reunir a toda tu familia hijo!, ¡tu sueño se ha cumplido!

Todos contigo Jorge, para decir el último adiós a tu cuerpo en la tierra, esa tierra que tú tanto has disfrutado cuando eras pequeño, cerca del Hoyo, donde jugaste tanto. Estás al lado de las montañas, en el sitio que tú querías, rodeado de otros seres queridos que ya se fueron también.

Te has ido en primavera, y hoy el sol brilla para ti, y las flores del campo se alegran también en esta mañana porque ya tú descansas en paz.

Perdona hijo los fallos que todos hallamos podido tener contigo, tus carencias de afecto y comprensión hacia tu enfermedad. Nos quedan a todos tus cartas, cartas de un ser maravilloso que eras; la esencia de tu alma, que seguirá viva en nosotros hasta el momento final; el gozo de saber que sigues aquí, pero de distinta manera, y que tu recuerdo será permanente en nuestros corazones; y sobretodo, la certeza de que algún día celebraremos juntos el encuentro en ese cielo donde tú ya estás.

Hijo querido, desde el lugar de gozo donde te encuentras, pide tú más bien por todos nosotros. Ha ocurrido un milagro. Con tu marcha, nos has unido. ¡Eras grande cariño!, y sigues siendo grande. Ahora eres verdaderamente un ser de luz. Felicidades.

Un abrazo de todos con el amor más grande que se puede dar.

Tu madre