Solamente escribiendo, siento que digo lo que pienso.

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martes, 8 de junio de 2010

Reflexiones de Jorge



Soy un ciudadano universal, y encuentro que la diversidad de razas y culturas, es aparte de una de las maravillas de la creación, un aliciente para descubrir los secretos de la vida.
  
El racismo es fruto de la ignorancia y del miedo y forma parte del ser humano como defensa ante todo lo que pueda desestabilizar su programación egocéntrica, o atentar contra su mal formada individualidad. Rechazo posturas ideológicas o movimientos radicales porque éstos implican a mi modo de ver, un atentado contra los derechos humanos.

Creo que la igualdad y la solidaridad, sirven de algo en la recuperación. Ambas sirven para mi vida.

Si no saber nada, es la conclusión de saberlo todo, lo único realmente válido es la experiencia individual de cada uno, y esta es siempre única.



Para amar, hay que amarse primero, y para desprenderse de nuestros apegos hay también que desprenderse de nosotros mismos, y es cuando uno siente el vacío y la nada absoluta que todo empieza de nuevo. Para vivir, hay que morir primero.




Permítete ser tú mismo porque lo más hermoso de estar vivo es saber que lo que tú eres es lo único que tienes, y saber vivirlo es quizás lo único que define la palabra libertad. La utopía no es un sueño inalcanzable.

La vida no puede ser desesperante, porque el sol, la luna, las estrellas y la naturaleza son hermosos, y siempre se transforman. Tú no eres distinto a todo esto. Formas parte de ello, y por derecho te pertenece vivir la vida sin miedo.
 

miércoles, 26 de mayo de 2010

Textos y dibujos de Jorge.



Hoy, mas que nunca la humanidad empieza a elevar su clamor contra las injusticias de sus gobernantes que sólo buscan su propio beneficio, abandonando todo principio ético, y olvidando que su misión es trabajar para el bien común, especialmente el de aquellos mas desfavorecidos y necesitados.

Oímos hablar de poderes en la sombra, de conspiraciones, de atentados contra la humanidad, de enfermedades creadas en laboratorios ocultos; descubrimos las grandes mentiras como la famosa falsa epidemia de gripe; vemos cómo salen a la luz estafas como la del cambio climático; descubrimos que los coches eléctricos fueron inventados hace mucho tiempo (y posteriormente destruídos) con estupendos resultados, pero... el oro negro sigue siendo el alimento de los bolsillos de unos pocos.

Nos situamos impotentes frente a las pantallas de nuestros televisores constatando tantos y tan variados horrores: las grandes hambrunas junto a los excesos de producción tirados por los suelos, las guerras sin sentido sólo con fines económicos, el dinero como único protagonista y dios absoluto de esta insolidaria sociedad de consumo que a todos nos está devorando la energía, la ilusión, los sueños. Y el miedo, el creciente miedo con el que los poderosos tienen a bien contaminarnos cada día, por si no fuese suficiente con envenenar nuestros alimentos, nuestra tierra, nuestro aire, nuestros cielos, mares y ríos. ¡Menos mal que hay ya muchos que se están despertando del sueño robótico al que nos han inducido!

Y Jorge... Él estaba ya despierto hace mucho. Prueba de ello lo que me encontré en uno de sus preciosos diarios:





La forma de un ser vivo dice mucho sobre su pensamiento. El elefante, con su grandeza y enorme cabeza, me hace de inmediato pensar en la inteligencia; y en su lento movimiento, veo también la serenidad y la sabiduría. En el león es su rugir, su boca, sus blancos y brillantes colmillos amenazantes, defensivos. Es un puro símbolo de supervivencia, de nobleza, y aún más, de lealtad y sinceridad. El león no ataca sino es para alimentarse. Se le llama el rey de la selva por su carácter noble y su gran belleza. Su piel, a veces alargada, tiene tonos amarillos y negros, colores de sabiduría y soberbia. Su arrogancia y talante son una muestra única del poder de la vida salvaje.


¡Cuánto tiene el hombre que aprender aún de la naturaleza! Poco a poco se van destruyendo culturas milenarias en recónditos parajes que ni siquiera la mayor parte de los hombres saben que existen. Cuánta sabiduría destruida, creyendo que la nueva, inculcada casi siempre con sangre y violencia, dará a estos primitivos seres la dignidad, que según los 5.000 (1) nunca tuvieron. Pero los 5.000 no saben que el dinero no compra el amor y el linaje de generaciones antiguas, con sus propias culturas no se podría comprar, ni tampoco borrar de la faz de la tierra.


Este capitalismo absurdo, esta inmoral religión, toda esta falacia hipócrita de esta sociedad moderna me da nauseas, y escapo de ella adentrándome serenamente y convulsivamente, en la destrucción de esa parte de mí que irremediablemente, debido a años de contaminación, todavía me tiene atrapado en su tela de araña. Cada día que pasa veo cómo la tela de araña se va agrandando, y seres de todas clases, menos los animales, están atrapados en ella. Tela construida por los 5.000 gobernantes de este planeta, que manejan lo que ellos mismos llaman un mundo moderno a las puertas del siglo XXI, y como no tienen bastante en la tierra, ahora quieren invadir el espacio.


Quisiera aislarme en algún lugar donde el cemento y alquitrán no existan; un lugar salvaje donde la luna y el sol sean los únicos reyes y los únicos gobernantes. La tiranía democrática, la constitución hipócrita, falacias inventadas para putrefactar a la vulnerable juventud que se esconde en las drogas en sus tesis hechas mil veces ya antes. Todo está inventado ya en el mundo. Sólo queda algo aún no inventado: la libertad.

La libertad la inventa uno mismo. Cada uno ha de conquistar la suya propia y olvidar al vecino. Concentrarse en uno mismo, ser sanamente egoísta y romper a trozos el cuadro de estos flamantes anuncios de consumo. La última revolución está empezando. Yo soy uno de los muchos que la hemos comenzado. Dejadnos ser nuestro destino, y aunque no nos dejéis, todos vuestros trucos, vuestras drogas, vuestras películas, vuestras leyes democráticas, no nos pararán en nuestra lucha. Todavía no ha empezado, pero el alma está despierta y los secretos desvelados. Las mentes no han sido del todo lavadas, y queda poco tiempo ya de vuestro reinado. Millones de años tiene nuestro planeta. Millones de hombres quieren nuestro planeta, pero el planeta es de sí mismo, y la naturaleza es la única fuerza dominante; no la desafiéis u os destruirá. Dormid tranquilos 5.000 esta noche; quizá mañana sea vuestro fin.




(1)(Nota al pie de página del propio Jorge)  5.000 es el número de personas que rigen y gobiernan cada movimiento del mundo. Son los que toman las decisiones. Son los que rigen el mundo. Son 5.000 pedazos de mierda.





El mundo parece seguir empecinado en condenar lo que de él mismo ha surgido.



Anoche dormí profundamente. Mi ira resbaló entre los dedos y abandonó mis entrañas. Hoy no siento odio, pero sí desconfianza.

El que tanto juzga, está cargado de pesares. El que ríe, es tímido; la vergüenza, le tiene acorralado.




sábado, 15 de mayo de 2010

Textos de Jorge

Queridos amigos y amigas: Ha sido especialmente emocionante vuestra respuesta al aniversario de Jorge. Quiero daros las gracias a todos desde lo mas profundo de mi ser. ¡Sois hermosos, y habéis llenado de luz este blog con vuestro amor y vuestros comentarios!

Os dejo con Jorge, sus reflexiones y sus dibujos, que aparecen en uno de sus cuadernos de campo.


Fría madrugada florentina recubierta de polvo. Un ángel que respira y mira con los ojos del alma un amor nuevo. El dulce y triste sabor de la duda, el suspiro de libertad que no rompe aún sus cadenas.

Pensar una y otra vez para descubrir que la realidad es sueño y la muerte mentira; que el espacio y el tiempo son la cruz que sostiene a nuestro Cristo, el sueño enviado, el misterio descubierto…

Y sin embargo, seguimos caminando en vez de volar. La paciencia desgastada ha formado callo con el ritmo de mi corazón que bombea sangre con glóbulos de anhelos. Encadenados al cuerpo, romper la forma de la figura para dejar escapar su fino color de espacio. Dejar a la luz entrar, y abrazarnos con las alas.


¡Cuántas horas paso sin pensar en nada
cuando hablo con Dios, el Dios de la nada!
El vacío de ser hombre,
la pasión de ser libertad.





Hoy podría escribir un manifiesto contra el mundo, pero ¿por qué desperdiciar unas páginas que quizá podrían dar más luz a mi propia vida, que a fin de cuentas es lo único que tengo?

Pienso en la pobreza, en todas esas personas que hoy están durmiendo en la calle, con este frío húmedo inglés, acurrucados en una esquina o bajo un portal, en cajas de cartones, cubiertos con unas mantas y con toda su ropa encima, casi en posición fetal, como buscando el calor de aquel húmedo y caliente vientre de donde vinieron. Yo en mi habitación tengo calefacción y mi cama tiene tres mantas. No paso frío de noche, y lo único que me pregunto es porqué estoy yo aquí esta noche, y él está durmiendo en esa esquina en la calle; por qué no es él el que está aquí y yo allí. La pregunta no me da sino más razones para estar triste por el mundo y por el dolor que muchos seres humanos deben de soportar cada día.




Estoy cansado de esta vida. Hay tanta belleza dentro de mí que con cada pico parece ir desapareciendo... Estoy como sentado esperando que algo o alguien me levante, y eso no va a suceder. Tengo terror de compartir mi intimidad con alguien. Necesito un amigo tanto como respirar, y mi única amistad es la heroína. Si pudiera controlarla como controlo mis manos o mis piernas al moverlas, si pudiera controlarla…, todo sería diferente. Este inmenso deseo de desaparecer, de anestesiar el dolor de la soledad, cigarrillo tras cigarrillo, como queriendo llenar mi cuerpo de brumas de vaho, de tenebrosa oscuridad. ¿Por qué me atrae tanto la oscuridad? Puedo pasarme horas en mi cuarto a oscuras, pensando. Lo que me cautiva de la heroína es que puedo viajar a cualquier parte y estar con cualquier persona, y todo parece muy real. Es cuando abro mis ojos que veo que el entorno en el que estaba cambia, y ahora estoy donde quizás nunca quise estar. Todo sigue igual cuando despierto de ese sueño momentáneo que, más que un sueño, parece un viaje en el tiempo.




(dibujo hecho con su propia sangre).

La dualidad de Jorge: el que se encierra, y el que explora en su propia sangre.

Mariposas de mi sangre,
volad entre todas estas palabras muertas,
y llevad estos mensajes
a los espíritus
a quienes van dirigidas.


Mi sangre es mi vida, y aquí se muestra como una mariposa desplegando sus alas. Nunca muere, y aunque en su sequedad parezca muerta, aún en ella se lee cada detalle de mis orígenes.





Necesitaría emborracharme de belleza entre tanta hostilidad, y aún así, yo soy un ser demasiado afortunado. Dios, ¿por qué me estás dando tantas oportunidades?, ¿es que acaso me tienes preparada una misión, o es que ni siquiera existes y todo está en mi mente? Quizás por ello me encierro en mi mundo y no salgo por miedo a descubrir que la realidad amenazaría cada poro de mi utópica libertad. ¡Qué triste depender de algo, de una flor manipulada químicamente para poder saltar de un punto a otro, de la realidad a la fantasía!

No quiero seguir saltando de un punto a otro. Me aterroriza la idea de no poder vencer nunca esta adicción.

Todo mata. El tiempo mata, la nicotina mata, la pena mata, el desamor mata, ¿por qué son las drogas las únicas que importan? Lo cierto es que las drogas ya no me dan lo que busco. Ya me lo han dado, y me aterra pensar que ya no puedo sacar nada más de ellas.


La única respuesta es la mía, no me valen las de otros. Necesito la mía propia, y no pararé hasta encontrarla.




miércoles, 5 de mayo de 2010

Aniversario de Jorge



Mañana, 6 de mayo, se cumplen siete años desde que Jorge nos dejó aquella terrible mañana que nos golpeó a todos de una forma inesperada y brutal. El sol lucía como lo hace hoy, presagio de nuevos y mucho más luminosos horizontes hacia los que Jorge se dirigía tras abandonar su hermoso ropaje y, con él, todo el dolor con el que tuvo que lidiar a lo largo de su corta vida.

Unidos, todos los que le queremos, compartimos la alegría de su liberación.





He elegido este cuadro porque para mí simboliza una auténtica resurrección. Desde el mundo de las sombras, se yergue esta figura luminosa, uniendo sus brazos para desde su centro, apuntar al cielo como flechas de luz.



Quiero abrir este espacio, en un día tan especial, con un fragmento de un poema de José Hierro que dibuja de manera muy precisa ese renacimiento de Jorge.


                             “Llegué por el dolor a la alegría
                               supe por el dolor que el alma existe…”





Y ahora los ecos de su propia voz en un precioso pasaje de un momento, también especial, en el que pudo sentir profundamente la Vida.




En esta noche de julio, escucho el sonido del agua y de los grillos. Corre una brisa suave que me refresca, y las estrellas parecen estar observándome. Me siento vivo y agradecido a la vida. ¡Todo es tan sencillo y al mismo tiempo tan mágico! Cada instante del día es único y diferente al anterior. No hay dos minutos iguales.

Un sapo ha llegado junto a mí. Desde el lago ha cruzado el monte, se ha detenido ante mí, y al verme, ha girado a la izquierda. Puede que lo haya asustado mi enorme pie o mi absorbente mirada, pero ¡Dios!, me ha permitido sentir su presencia como algo único y maravilloso.

Nada es casualidad. El destino es un camino de sorpresas, un río de vida, un consuelo al tormento.

Cada vez el cielo está más oscuro y las estrellas brillan con más luz. Es más potente la luz de una sola estrella, que toda la oscuridad que la rodea. Mi mirada no se pierde en el invisible e infinito espacio, sino que mis ojos se centran en una única estrella que, como un imán, despierta y atrae hacia sí toda mi vida llevándose en un suspiro la melancolía. Observar una estrella despierta mi pasión por la verdad y la vida.

La verdad es lo más parecido a una noche de estrellas, clara y oscura, blanca y negra; las dos caras de una misma moneda. Es un placer único poder sentir a Dios dentro de mí; esa pequeña fuerza, que se despierta al contemplar la belleza de una estrella. Solamente un gesto cargado de silencio, me abre las puertas del corazón. Muchas palabras, me la cierran. ¡Que grande es la sabiduría del silencio!






Dentro de mí se extiende la fuerza que suspira por abrir entre mis ojos un canal de luz, que transporte la energía de la absoluta pureza que en mi alma se encierra. Soy hermoso, y mi bondad sobrepasa la oscuridad latente que me acecha. Mi pasado no es más que la puerta construida hoy para sobrepasar mi propio umbral, y pasar de la fantasía a la realidad. Sin fantasía no existiría hoy mi realidad, ni sería yo mismo. La dulzura de mi vida está compuesta por el amargo sabor del fracaso y el dulce sabor de mi herida. No hay nada en mí que me defina. Soy solamente yo, y como yo soy, solamente Dios me ha permitido a mí serlo, y eso es un gran regalo.

jueves, 22 de abril de 2010

Textos de Jorge y cuadros

Una piedra había caído en el pozo. El pozo era mi alma joven.

Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos. Lo que no está dentro de nosotros mismos no nos afecta.




La vida continúa, procesando momento a momento como un reloj de arena, y dándole a cada uno su propio espacio, su propio peso, su propio contenido, pero todos los granos de arena son de la misma esencia.

El amor no debe pedir ni tampoco exigir. Ha de tener la fuerza de encontrar en sí mismo la certeza. La mayoría ama para perderse.



El miedo no es sino la más pequeña parte de este sentimiento de abandono que me cubre.

El tiempo pasa tan deprisa que en un suspiro caben todos los sueños.


Quiero querer vivir sin ataduras ni tormentos. El sentimiento tiene un límite, y cuando el límite se sobrepasa, el sufrimiento es tan inútil como una gota de agua en medio de un gigantesco fuego; desaparece, se evapora en cuestión de segundos. Todo tiene su final. Hasta nosotros mismos que un día pensábamos ser inmortales. Y, sin embargo, no somos nada ni nadie, sino simplemente formamos parte de algo, inconcebible por nuestras mentes tan oblicuas, pero ese algo es también predecible, y algunos logran vislumbrarlo, y cuando intentan explicarlo con palabras para que aquellos que no lo ven lo descubran, rompen el sueño y el suave cristal de resquebraja, quedando amontonado todo en una montaña cortante de sangre y temor.



Ahora estoy perdiéndome a mí mismo entre los recuerdos de mi pasado abrasador. Ruego poder amar de verdad y no dejar que el pasado me cautive. Ruego ser respetado y respetar. Ruego recibir lo que yo dé, y en armonía seguir viviendo. Pido a Dios que me ayude y me otorgue el sabor de la calma y una nueva oportunidad. Pido salir de la corrupta sabiduría del hombre y penetrar en los confines infinitos de su celestial reino, ¡Oh Dios mío!, concebido para salvarnos de este mundo material y destructivo, hecho por la gracia de los hombres, así como un día fue hecha la Luz. Sufrir y soportar hacen la virtud del ángel.




Descubrí el gusto de la muerte
y es amarga, tan amarga
como el dolor del nacimiento,
pero es hermosa por ser incierta
y renovadora.


jueves, 8 de abril de 2010

Frases sueltas extraídas de los diarios de Jorge

La esperanza, hoy más que nunca, ha salido de su hielo transparente y, aún con este frío de noviembre, ha podido entrar en la morada de mi conciencia. En la ambigua elevación siento el inmenso poder de estar y la magia de ver.

Mi invulnerabilidad me inquieta y mis ganas de vivir me desencantan. Después de todo, el todo está más cerca de mí que nunca, y en el grito vacío de gemidos expulso el dolor de mi confusión.


He sentido la fuerza de las estrellas movientes y el grito del alma a la oscuridad del misterio de la noche.
 
Quiero aislarme en algún lugar entre las montañas, estudiar, pintar, cantar mis mudos gritos, mi silencioso dolor, y encontrar una paz temporal durante un infinito momento de esta aventura que me espera.

Mi alma está intranquila porque siente la angustia de un mundo que se derrumba.

Destruid aquello que os aprisiona. Salid danzando al fuego y encontraros con las salamandras para olvidaros de vuestra triste receta de tristeza.

Cuando no creemos en nosotros no estamos siendo nosotros. Deshazte para reconstruirte. No importa el tiempo que emplees. Encontrarás tu templo antes de caer una vez y otra quizás, pero al final lo hallarás para morir en él. Olvídate del mundo que absorbe. Sumérgete en las aguas del mar. No abandones el camino. La lucha es tenaz. El amor hace perseverar.


Somos únicos e inmortales porque en realidad solamente somos uno que se refleja.


Después de comprender el misterio, dejaremos nuestras pieles suavemente sobre las piedras que nos arrojamos en aquellas primeras y últimas batallas. Tenderemos, uno a uno en el único destino.




Me expreso con la ilusión de un niño.
Soy un duende contador de historias.
Pasé del infierno al cielo
porque supe construir mi propio puente.
Con mis dos manos
escarbé la tierra y el aire.
Al elevarme permanecí.
Al caer
fui eterno
y comencé el presente.


Es difícil encontrar la paz si antes no has conocido la tempestad. No puedes escapar a tu dolor pues, si lo haces, la falsedad de tu vida no podrá distinguir entre sonrisas o lágrimas y la confusión te extenuará hasta la muerte.


Quiero vivir sonriendo, borrar las lágrimas heredadas, y ser yo mismo. No quisiera convertir mi piel en un escudo protector. Quiero sentir el dolor a través de mis poros, porque el dolor el la máxima expresión del hombre. Un dolor purificante, una sacra flagelación muda en sus sordas palabras. Los años al pasar dejan la huella del espacio. Las huellas marcan las líneas de nuestra piel. Las líneas son la figura del dolor que arrastramos desde los tiempos de la Atlántida.




jueves, 25 de marzo de 2010

Un relato de Jorge

Muchas gracias a todos los que habéis entrado a comentar el poema de Mar. Espero que sigáis acompañando a Jorge. Todavía quedan muchos escritos suyos, cuadros y fotos para compartir.
Os dejo con un pequeño relato sobre un árbol.


Estoy plantado en un camino que va del huerto al mercado. Algunos campesinos, cuando pasan por mi lado me miran, pero hay uno que se sienta bajo mi sombra para dormir su sueño del mediodía. Como soy un árbol, no sé distinguir su rostro, pero siento como si mis raíces se estiraran por debajo de la tierra al sentirme dentro de su sueño. Algunas de mis hojas caen y percibo su vuelo hasta que se deslizan y se depositan sobre la tierra que cobija el cuerpo de mi visitante, suspirándome su dolor al no formar ya parte de mí sino de la tierra.


Mis hojas son grandes y verdes. En otoño se tornan amarillas, y es cuando más hermoso me siento. Muchos caminantes han recogido mis hojas, como encontrando en ellas lo que verdaderamente son. Pensé que las meterían en sus libros o en sus cartas de amor, porque yo podía escuchar las palabras y entenderlas. A veces me entristecía el mundo de aquellos caminantes, y su violencia hería mi tronco, porque alguno de ellos, en su peor luna, me golpeó con la fuerza de todo un amor acabado, y me hizo sangrar resina varios días.

Pasaron cientos de años, y mi madera envejecía tornándose tan dura como la piedra. Pensé que se debía a las palabras de miedo de los caminantes que cada año iban haciendo más ruidos mecánicos al pasar; incluso mis raíces retumbaban por su extraña velocidad, que tardé en entender varios decenios. Desde que multiplicasen su velocidad, sólo algún caminante pasaba de tanto en tanto. Me llegaban sonidos envueltos en unos extraños olores que nunca antes mis poros habían acogido.

Todo ello, junto a mi propia naturaleza fue lo que me hizo empezar a morir. El mundo seguía su vertiginoso recorrido y yo ya había estado muchos siglos con él.

Cuando dejé de existir, pude elevarme y verme petrificado en medio de un camino asfaltado de gris oscuro. Lloré con la lluvia de aquél día, y con ese agua limpié las manchas de mi tronco. Después sonreí en la inmensidad de un arco iris que dejaba ver una ciudad envuelta en espejos y cristales. Los vientos alisios me arrastraron, y salí de la atmósfera en un viaje que ya no puedo relataros.


Algunas frases sueltas de Jorge llenas de sabiduría

Una vez más, el delirio prepara mi camino hacia la libertad, y me dejo llevar por el tiempo de silencio. La vida arranca…

El hombre arranca con su mano de pantera,                
la ilusión certera que se esconde en cada alma.
Dios sería una realidad, si este mundo no fuera este mundo;
y estos ojos fueran otros ojos.
La única libertad real es la duda.


La claridad me ciega y la ceguera me llena de sabiduría.

No quiero pensar que dejaré de sentir ese miedo que me empequeñece para hacerme más grande.


Soy torpe, y como si mi torpeza fuera mi maestra y madre, me corrijo en devaneos de lentitud vertiginosos, que a veces me arrastran a las visiones más cercanas de lo que significa EL TODO.

Sólo me confunde que el desequilibrio de la balanza esté fuera de nosotros, y la balanza no sea más que un juego destructivo. Tengo la esperanza del que piensa que aquello que sucederá es porque debe suceder. También siento la fuerza de formar parte de este absurdo sentimiento de creer que yo debo hacer algo en la tierra, algo que va más allá de cualquier imaginación que yo haya podido concebir.


martes, 16 de marzo de 2010

Un escrito de Jorge sobre el hijo que deseó tener: Syrio



Me han dicho los números que voy a tener un hijo. Ella es la única madre y yo el único padre. Nos ha elegido porque su espíritu necesita de los nuestros que cada día se están nutriendo con todo aquello que nos invade en la ciudad y el mundo. Nacerá en una ciudad pequeña, y tomará su sabiduría de las plantas y del bosque. Después, correrá como el ciervo para perderse en su horizonte tan hermoso como el entero universo.


Siento ya tu extraña presencia, y a pesar del miedo, me sostengo con tres pilares. Te veré, y te tomaré en mis brazos. Estarás gritando, rompiendo a llorar. Sobrevolarán todas las gaviotas cuando tú  salgas. El sol brillará en lo alto, el aire será frío, y tu ambigüedad angelical se tornará en  imagen infinitamente proyectada.

Temblaré como en los templos, y serás, durante tu eterna infancia, mi eterno cuarto pilar. Te adoraré en las horas más tristes de mi existencia, y compondré música cuando estés tan dormido que no sientas nada. Velaré tu sueño con mis manos, que pintarán ángeles desnudos en valles espirales del Himalaya. En mis noches tenebrosas cubriré mi cuerpo bajo un espeso abrigo negro, caminaré no más de una luna para encontrarme con el vértigo de mi mirada. Después, correré a ti para acariciar el cuerpo de tu madre. Tú no verás mis lágrimas, aunque podrías verlo todo si pudieras alzarte de tu cuna. Ahora ves tus siluetas de sombra y los rostros hermosos de tu hermosura. Cuando llores en las noches de tormenta, encenderé un fuego y cantaré con la guitarra. Si no dejaras de llorar, seguramente lloraría contigo. A mí las noches de tormenta me inspiran enigmas y miedo.


Dejaré que todo lo aprendas solo. Con mi atenta mirada corregiré aquello que pueda, reiré con tu cuerpo y con tu cara, con tus juegos. Cuando seas más mayor, iremos al bosque a buscar líquenes. Criaremos ovejas y cabras, las ordeñaremos en invierno y aprenderás a leer con los libros más hermosos. Yo seré tu maestro hasta que puedas expandir tus alas y volar. Tú sabrás cuando, un día después de saberlo yo. Estaremos juntos siempre, aún estando en tres planetas diferentes: Simona, Giorgio, Syrio.

Esta gran responsabilidad que no más que vida, sólo me pesa en los momentos en los que no creo en el mundo y ni siquiera en ninguno de nosotros. Es absurdo este maldito mundo, pero admito cada destello de luz que el universo me pueda mandar. Quiero soñar con el lugar donde te creamos al juntarnos en tu semilla. Te pido ayuda desde la tierra, para que desde el mundo en el que estés sepas que necesito seguir sintiéndote. Sólo de mí depende mi lucha, pero sólo te pido que me transportes a tu mundo y que pueda recordarlo cuando despierte. Buenas noches, que los pájaros ya cantan al alba. Llévame contigo un día que no me tenga sino a mí mismo.




Fotos de Jorge niño y en su última etapa en Lisboa



           
Con su sobrina Elena

                                                                                     


Con su prima Eva


sábado, 6 de marzo de 2010

Diario de Jorge


Hoy sí he sentido la vida. Sobre todas las demás cosas me he encontrado en mi soledad, y me he rodeado de enigmas, hasta he colocado un templo de piedra con una cruz de madera y líquenes y he escrito mi más profundo deseo, que es el mismo que está en la transparencia de ese pequeño mundo del río Lobos. Los peces han ido a ver la estela de rojo que yo he arrojado sobre el fondo y que he encontrado en los frutos de unas plantas.



Cómo me gustaría vivir en el mundo de las plantas, formar parte de cualquiera de sus especies para poder alimentarme de ellas. Estaría comiendo plantas sentado bajo los nenúfares de un lago de tal claridad que reflejase el mundo en dos tonos de luz diversos, una con la luz, y otro simplemente con sus reflejos.




Cada árbol, cada hoja, cada águila, todo menos los nenúfares que me sostenían sobre el agua, se reflejaba, y el mundo que estaba bajo el agua, formaba parte de aquel ambiguo mundo, y yo me encontraba en el medio pudiendo ver en el agua mi propio rostro y el propio cielo. Cuando dejaba de mirar para sumergirme en la visión, pude sentir cada molécula de cada gota de aquel no tan profundo lago a donde mis ojos podían llevarme desde la visión del más leve movimiento del más pequeño de los peces, hasta las sombras de los más grandes sobre las algas y las rocas.


Moviéndose en espirales, no hacían sino salir aún más allá de la tierra que estaba por debajo de su agua, para encontrarse bajo un doble cielo de azul espacial y claridad borrosa. Ellos podían verme a mí. Yo los pude ver a ellos, pero ni el cielo, ni todo aquello que estaba por encima del agua podían.



Las nubes oscuras como el vientre de un ciervo se cerraron en el cielo para tronar sus rayos de luz y miedo. Las aguas se turbaron, las especies escondieron sus pequeños cuerpos bajo las pequeñas cuevas profundas. El nenúfar se movía con el violento viento. Mi cuerpo cayó sobre el agua turbia. Mis pies creaban aún más oscuridad. No quise caminar y esperé. Mis brazos y mi cabeza pudieron sentir la fuerza de la lluvia que salpicaba cráteres aún más oscuros. Entonces, mis ojos ya no vieron el reflejo del cielo sobre el agua. Supe que ambas lágrimas estaban juntándose, y el cielo, la tierra y el lago no eran ya sino la tristeza de la añoranza de los dioses.


Dejé de existir para convertirme en agua. Quise ser al menos una lágrima de aquel torrente. El tiempo no existió para dar paso a la profundidad de la tristeza del espacio, y aquellos truenos, relámpagos y cráteres, desaparecieron con el descontento de las nubes. El sol entre sus azules y blancos, lució de nuevo, pero aún seguían sin verse los reflejos. No quise salir nunca, y cuando me encontraron, sólo hallaron mis túnicas. Había atravesado todos los reflejos, y me había convertido en agua.

domingo, 14 de febrero de 2010

Diario de Jorge



Rompo las barreras de mi mente con las mismas cosas que utilizaron las manos de mis antepasados para construirlas. Son tantos años ya que es difícil romperlas. Quizás, al final de mi vida, sólo queden ruinas, y sólo entonces me acuerdo de paisajes con ruinas, y sonrío, porque son ruinas y paisajes, y su armonía destronada me emociona.


En esta destrucción muchos únicamente encuentran la muerte al primer golpe de muralla. Otros sobreviven a mil golpes. Algunos nunca quisieron destruirlo. Otros lo saltaron con la fuerza de sus corceles para encontrarse con un bosque de árboles plastificados, que se extendía sobre una superficie vacía.


Los que nunca golpearon el muro tomaban sus musgos y sus piedras. Algunos comían sus líquenes, pero casi siempre se sentaban y observaban aquel muro que recorría cada vereda del mundo. Ellos eran caminantes de caminos.




Yo mi muro lo estoy derribando, y cada trozo de piedra parece más de hierro. En cada caída me mantengo. Algunas veces te cae el muro encima, te lamentas y gritas. Es entonces cuando viene la tormenta. Hoy me he sentado delante del muro y he podido ver, más allá del bosque plastificado, un horizonte que no me deja descansar. Esta noche, cuando el fuego calentaba mi cuerpo, la noche oscura dejaba ver todas aquellas luces y sombras que, en sus juegos de movimiento, te decían cosas distintas. Las luces continuaban más allá de la profundidad. Era una constante repetición espacial y armónica. Muchas noches, los fuegos parecían encenderse uno detrás del otro, y en mi mente sentía cómo el tiempo acariciaba aquel largo camino, con sus repeticiones ambiguas.


Era difícil que alguien parara junto a ti. La mayoría eran caminantes que buscaban quizás un lugar donde empezar a destruir el muro. Aquellos que entraban en aperturas hechas por otros, caían en las redes de las telarañas, para después formar el negro del espacio. Otros se perdían por las llanuras, las dunas y las montañas que estaban detrás del camino, enfrente del muro. En aquellas llanuras, vivían muchos seres encantados por el desencanto. Algunos eran alquimistas que se encerraban en pequeñas chozas blancas, y esperaban con sus tesoros a un gran cofre que se encontraba más allá del horizonte diverso. La mayoría tenían la edad del mundo. Algunos habían sufrido la pérdida de la Fuerza para continuar golpeándose, así, se abandonaron a los enigmas de las montañas y a los secretos de las plantas. Muchos caminantes encontraron en estos sabios de las montañas, el consejo de iniciar su camino hasta encontrar el lugar donde despacio, deberían comenzar a derruir el muro.

Los más antiguos piensan que el muro se va reconstruyendo cada espacio en el tiempo. Otros opinan que algún día desaparecerá, porque cada día de sus vidas, al acercarse al camino, lo han visto más pequeño, pero aún después de miles de años, no se ponen de acuerdo.


Las estrellas me arrojaron a un sueño que había estado esperando tantos días. Me dormí tranquilo, y en mi profundidad astral, viajé a un lugar de imágenes nuevas que me estuvieron alimentando de una extraña energía. Sentí cómo subía hacia las estrellas hasta encontrarme dentro de una de ellas. Seguía siendo esa misma luz blanca que bailaba cada noche el acorde de sus constelaciones. Me sentía realmente dentro de aquella estrella y me convertí en luz, y por un momento, pude ver el espacio como estrella. Después, se disolvió la luz y cayó en estrella cadente. Me encontré en la oscuridad absoluta, y sin embargo, mi cuerpo desnudo comenzó a brillar con mi luz hasta que sentí yo mismo ser mi propia estrella. Tuve miedo de caer como aquella que me había recogido. Entendí que yo no era esa misma estrella que había caído conmigo, porque al convertirme en mí mismo, pude ver cómo la línea de luz de su caída continuaba. Era como si se hubiera detenido sólo para dejarme a mí en medio de aquella oscuridad en la que la única luz y el único mundo era el mío.


En el silencio, empecé a sentir unos sonidos que me recordaban a las vibraciones de los vasos de cristal. Cada vez iban acercándose más. Sentí como estas ondas de sonido casi metálicas, acariciaban mi cuerpo con el calor frío de mis deseos. Yo formaba una estrella de cuatro puntas, y aquellos sonidos se habían convertido en mi órbita. Todo mi cuerpo se abrió y pude sentir por primera vez el misterio del espacio. Cuando mi órbita empezó a girar más y más deprisa, perdí la conciencia, y al abrir los ojos, sentí el sol que había estado calentando mis ojos. Era más de medio día, y estaba justo encima de mí. También eso me pareció extraño ya que yo siempre dormía bajo un olmo que la lluvia había creado en forma de lecho y, sin embargo, aquella mañana me desperté sobre la explanada cercana del río, el único sitio quizá donde pudiera haber caído desde el sueño. Al levantarme, me sorprendió la agilidad de mis piernas, y sentí mi sangre circulando en otra dirección. Habían cambiado tantas cosas en un sueño, que sólo pensé en sumergirme en el agua. Me bañé con los peces y bebí. Podía haber tomado hierbas, pero aquella mañana me alimenté con los hongos que crecían por debajo de los sauces. Aquellos hongos situaban la conciencia sobre la tierra. No quería pensar en aquel sueño. Me abandoné al río y a los sauces. Los hongos repusieron mi ansiedad de volver al espacio, y continué sumergido bajo las aguas. Aquel día, las algas bailaron un baile que formaba mil colores bajo la luz del ya casi atardecer. Sólo los cangrejos venían a pellizcarlas, y ellas se lamentaban dando al baile la fuerza de un pequeño dolor marino.


lunes, 1 de febrero de 2010

Extractos del diario de Felix Casanova. Extractos del diario de Jorge.

Como por "casualidad" he tenido la suerte de encontrarme con Felix Casanova, un escritor canario fallecido a los 18 años, y cuya obra se vuelve a reeditar en estos días bajo el titulo: El don de Vorace.

Al leerlo, he sentido una emoción muy especial pues me ha recordado mucho a Jorge. A Félix también le dolía tanto la vida que quiso dejarla voluntariamente muy pronto. Siempre es un gran dolor perder a un ser humano, y sobre todo cuando éste tenía tanto que decir y tanto arte que derramar. 

Tanto Felix como Jorge, se han ido con su caja de Pandora llena a rebosar de creatividad que no pudo terminar de expresarse. Los dos han sabido elevar el sufrimiento humano a la categoría de arte. 

Estos son algunos extractos del diario de Felix:

Las vírgulas de agua en la ventana desdibujan el paisaje, o quizá son mis ojos los que despliegan esta cortina de lluvia a mi alrededor. (...) Tampoco en esta ocasión termino de morirme. Estoy llegando al colmo de lo grotesco. (...) Hoy es mi último día con vida (ojalá). Esta noche bajaré el telón... El demonio quiera que no se vuelva a subir. (...)

No puedo por menos que carcajearme de este nuevo intento fallido o llorar como sólo yo he llorado. Opto por enmudecer los pensamientos y andar sonánmbulo. El demonio alzó el telón. (...) Lloro torpemente, como si fuese la primera vez que no muero.

¡Ojalá hayas encontrado la paz, amigo Felix!


El rencor envenena, el odio mata. ¿Por qué resulta tan difícil expresar la ira sin atentar contra nada ni nadie?

Culpar a los demas, ya no es la justificación perfecta, sino la mas grande de las barreras.

Aprender a desligarse, a desprenderse... Dejar, olvidar....

Sigo sin comprender tantas cosas, entre ellas la impaciencia. ¿Cual es su sentido, su razón de ser?...

Los sueños vienen cargados de confusión. Recordarlos, es perderse en divagaciones que me alejan de lo coherente.

¿Por qué esta incipiente necesidad de escapar, de refugiarse en un idea que, a penas surge, ya se ha cubierto de niebla?

Sueños de muertes, hielo, nieve, lobos...

La luna resplandece entera, el viento se enfría, el tiempo es inaccesible .

¡Todo resulta tan repetitivo!

Consigo desprenderme de viejas presunciones y viejos esquemas.

Los secretos son necesarios. La imprudencia se paga y éste no es el lugar mas idoneo para mí, ni quiero hacer de él mi hogar.

¿Por que, y para qué estoy aquí?... ¡¡¡Es la mas difícil de las preguntas; no me vale cualquier respuesta!!!!